sábado, 5 de marzo de 2011

Ramón cambió el esquema, San Lorenzo goleó a All Boys y el Pelado le dedicó el 3-0 a Abdo.


Quien lo había criticado tras perder con Racing. No la dejó pasar, je...

No le hubieran alcanzado las audiciones de radio a Carlos Abdo si San Lorenzo no hubiera mutado como mutó de un tiempo a otro. Si no hubiera pasado de ser un equipo insulso, previsible, del recontra montón, sin lamparitas en ofensiva, sin dos pases seguidos al pie del compañero, a ese alud de convencimiento, a esas paredes repetidas entre Menseguez y Velázquez previas al 2-0, a ese equipo que cuenta con un Carmona/Cafú, con el Ortigoza de Argentinos, olfato y buenas decisiones para el contragolpe y un oficio defensivo a prueba de incógnitas como Ferrari. Esta vez, a Abdo no le alcanzó la gola, pero para gritar tantos goles del Ciclón, y a Ramón, claro, para hacer retumbar tanto como quisiera su je.

El primer tiempo fue una obra maestra de la nada misma. Un shot desviado de Soto y otro de Salgueiro tapado por Cambiasso, dos jugadas medio pelo, más algún chiche o pase criterioso de Grazzini fueron lo único salvable. Después, rispidez, imprecisión, etcéteras en esa línea que mostraron la radiografía de un candidato (San Lorenzo) que no podría jamás pensar en pasar del décimo puesto y un aspirante a seguir en Primera (All Boys) que acentuaría su ciclotimia.

La realidad tuvo una metamorfosis profunda en la otra mitad: San Lorenzo dio un giro de 180°. Claro que recibió ayuda: el Albo continuó por la vereda de la mediocridad, con un Ortega impotente ante la no respuesta de sus piernas y su (devaluada) lucidez. Es que el equipo de Romero siguió sin siquiera vestigios de lo que supo mostrar en buena parte del Apertura, ese tiki tiki tercermundista que lo catapultó al actual cómodo colchón de puntos, y la (tonta) expulsión de Barrientos le hipotecó una cuenta sin fondos. Salgueiro siguió engolosinándose (y enredándose) demasiado, pero terminó decorando el triunfo. Velázquez, 9 generoso si los hay, armó una de papi fútbol con el mejor de la cancha (Menseguez) y tuvo recompensa: debut en las redes argentinas. Y Ortigoza al fin la pisó, la amasó, distribuyó, se mostró más, y ya no se fastidió cuando Giménez le devolvía un ladrillo o directamente no se la devolvía y encima terminaba perdiéndola. Más un Carmona asistidor al cuadrado, y con el changüí de no tener a Romagnoli -lesionado- ni de recambio, (¿se animará a plagiar a Falcioni?), Ramón se fue de Floresta orgulloso y convencido de su esquema y de su planteo, acariciando su voluptuoso ego, y refregándole todo al pope, que post 3-0 reconoció “el gran segundo tiempo del equipo”. ¿Así le gusta, presi?

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