
Y alardea: “En la intimidad también trato de ser goleador. Mi puntaje Olé sería un ocho”. Ganador.
-¿Qué cosas te sorprendieron cuando llegaste a San Lorenzo? -Todo. Es un equipo grande. Me sorprendió el club, la hinchada. Todos los partidos jugás con la tribuna llena y eso motiva. Y bueno, después el tema que hay muchos periodistas y me cuesta un poco, ja.
-¿Te encontraste con un plantel muy coqueto? -Sí, la verdad que bastante. Pero yo soy normal.
-¿Y qué es normal? -Me baño como la gente normal y a veces me pongo crema. Pero según cómo me agarre. A veces tengo ganas de usar cremas y a veces estoy apurado y me olvido...
-¿Y qué serían para vos los anormales? -Los tipos muy coquetos. Que usan productos para el cuerpo, para la cara, perfumito dos o tres veces. Yo no soy tan obsesivo.
-Pero le metés cierto look...
-Y sí, un poco me fijo en lo que me voy a poner pero soy muy sencillo. Uso zapatillas de lona, jean y una remerita.
-Cuándo vas a comprar, ¿te fijás en que combinen los colores? -Sí, eso sí. Trato de que las cosas peguen. Tampoco me voy a vestir de todos los colores. No soy de los que se visten como para ir a bailar pero me gusta estar prolijo.
-¿Los mejores vestidos del plantel? -Mmm. Tula se viste bien. Ferrari y Carmona también. A Jony lo gastamos porque dijo que era modelo. Igual tiene facha y buen físico.
-¿Siempre fuiste cuidadoso con tu imagen? -No. Cuando era pibe andaba con las zapatillas de resortes, ja. Un desastre. Las circunstancias te llevan a vestirte mejor porque por ahí tenés que hacer una nota y tenemos que tener buena presencia. De chico me la pasaba de joggins.
-¿Cómo fue tu vida de chico? -Normal. Vengo de una familia de clase media. Nunca nos faltó nada, siempre vivimos bien aunque no nos sobraba. Me llevaron de chico a jugar al fútbol como a todos los nenes y nunca abandoné.
-¿Cuál fue el primer gusto que te diste? -Uh, me acuerdo que cuando cobraba la primera plata me iba con mis amigos a andar en kartings. Una locura. Cobrábamos 500 pesos uruguayos de viáticos, que son 20 dólares, y nos los gastábamos en carreras. Una vuelta nos costaba 300 y con los otros 200 teníamos que tirar todo el mes. Por suerte mis viejos me ayudaban.
-¿Trabajaste? -Sí. Cuando tenía 15 años repetí tercer año del Liceo y ya se veía que no servía para el estudio. Me acuerdo que mi abuelo me había regalado un viaje a España porque tengo familia de allá, pero como me había ido mal en el colegio, como castigo, no me dejaron viajar y me mandaron a trabajar al mercado de frutos con mi papá.
-¿Y qué hacías ahí? -De todo. Cargábamos los cajones... Terminaba muerto. Encima mi papá se levantaba a las dos de la mañana y le pegaba derecho hasta las once de la noche. Y yo tenía que ir todos los días.
-¿Cómo te trata la platea femenina argentina? -Normal. Nunca me pasó que me gritaran nada raro en la cancha. Sí, he escuchado que le gritaban a otros compañeros más lindos. Lo único que se escuchan son las ordinarieces de los hinchas, je.
-¿El insulto más gracioso que recibiste? -Y, a mí me gritan de todo. Cuando escucho “uruguayo” ya sé que se viene la puteada y trato de correr para el otro lado, ja. Contra All Boys se me fue la pelota afuera cerca de la hinchada local y escucho que un tipo le dice al otro: “ahí está el uruguayo, escupilo”. Qué bajón. Yo ahí paradito mientras me escupían, y lo peor es que ya sabía que lo iban a hacer porque lo escuché.
-En la cancha sos un goleador, ¿en la intimidad también? -En la cancha intento, ja. Y en la intimidad no, tranquilo. Cuando se puede, se puede. Pero bien. Siempre estoy bien predispuesto. Me gusta atacar pero cuando tengo que defenderme, sé esperar...
-¿Puntaje Olé? -Y, de ocho para arriba. Me banco a muerte, ja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario